Wednesday, April 1, 2015

Jueves Santo : 2012



Eucaristía y Lavatorio de los Pies
Éxodo 12:1-8,11-14, 1 Corintios 11:23-26, Juan 13:1-15

En la época de Jesús, la vida en Palestina era difícil. El medio de transporte popular eran sus pies. La gente caminaba largas distancias por caminos accidentados y polvorientos para ir por ejemplo de Galilea a Jerusalén. Los viajeros a menudo llegaban a sus destinos con los pies adoloridos. Como muestra de la hospitalidad, el anfitrión se encargaría de que sus invitados se dieran un baño caliente y  masaje en sus pies como una forma de aliviar sus dolores y molestias. Esto lo hacian por lo general los sirvientes de la casa o los esclavos.

Este servicio de baño para calmar los pies cansados,
​​también fue proporcionada por las casas de descanso o posadas que se encontraban en lugares estratégicos a lo largo de las carreteras principales y autopistas. Los viajeros, que venían en el camino podían entrar en estas casas de descanso y contar con el baño, masaje de pies y alimentos. Estos lugares restauraban la energía, y  así serían capaces de continuar y completar su largo viaje. Estas casas de descanso en el camino recibian el nombre de "restaurantes" – porque restauraban las fuerzas a los viajeros cansados ​​y agotados por el camino. Los discípulos entendieron el gesto de Jesús al lavar sus pies, como parte de su cultura. Y para nosotros es el mensaje de la Eucaristía que celebramos.

Entendiendo a la luz del lavatorio de los pies, la Eucaristía es un lugar de restauración para la gente en el camino. La vida de un cristiano en el mundo es una peregrinación, un viaje largo y difícil. A lo largo del camino, llegamos cansados
​​y agotados, y nos sentimos tentados a rendirnos y dar marcha atrás. Pero Jesús nos ha dado la Eucaristía como un lugar donde podemos bañar nuestros pies adoloridos, y renovar fuerzas en el  cuerpo y el  alma para el viaje que está todavía por delante. El dar la comunión a un enfermo, lo llamamos viático, que significa "dar provisiones para un viaje". La Eucaristía es siempre un viático: la Eucaristía nos ayuda a sacar fuerzas para continuar nuestro viaje hacia arriba, hacia Dios.

En la historia nos encontramos con que Pedro se sintío incómodo, cuando Jesús lavó sus pies. Pedro, que era algo así como un activista, hubiera preferido estar entre los últimos, lavando los pies de Jesús, e incluso a los otros discípulos. A veces es más difícil permanecer pasivo y permitir que alguien haga algo por nosotros a que nosotros hagamos algo a otra persona, esto actitud la pueden ver en los niños. Sin embargo, que nos laven nuestros pies y el lavar los pies a los demás, son dos caras de la moneda  a la que llamamos vida cristiana.

La parte primera y más esencial es dejar que el Señor nos lave. Como le dijo Jesús a Pedro: "Si no te lavo, no tienes parte conmigo (Juan 13:8).
En primer lugar, el Señor nos limpia para que pertenezcamos a El. Sólo entonces, estaremos preparados para lavar los pies de nuestros hermanos y hermanas en el Señor. Cuando Pedro cayo en la cuenta de esta verdad, venció su reticencia y gritó: "Señor, no sólo los pies sino también las manos y la cabeza" (v. 9). Para que esto suceda todo lo que el Señor necesita de nosotros es simplemente que estemos allí, nos presentaremos ante él y dejaremos que nos lave.

La otra cara de la moneda, que es igualmente importante, es que después de los pies han sido lavados por el Señor, tenemos que ir a lavar los pies de los demás. Después de que Jesús había lavado los pies a sus discípulos, les dijo:

¿Saben lo que yo he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor - y tienen razón, porque eso es lo que soy. Así que si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros (Juan 13:12-15).

Jesús establece una estrecha relación entre el lavado de los pies de los discípulos y el lavado de los pies de ellos a  los demás. Si la Eucaristía es el lugar donde el Señor nos lava, la vida cotidiana es el lugar donde debéis lavaros para servir a los demás. . Jesús partió el pan de la Eucaristía, y lavó los pies de sus discípulos. Debemos seguir su ejemplo tanto en el altar de la Eucaristía y en el altar de la vida.

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