Thursday, December 11, 2014

III Domingo Adviento: Is 61, 1-2, 10-11, 1 Ts 5, 16-24; Jn 1, 6-8, 19-28



III Domingo Adviento: Is 61, 1-2, 10-11, 1 Ts 5, 16-24; Jn 1, 6-8, 19-28
Introducción: El tercer domingo de Adviento se llama "Domingo Gaudete", porque la Misa de hoy originalmente era en latín, y se inicia con la antífona de entrada: "Gaudete in Domino semper" - "Regocijaos siempre en el Señor." Esto es para recordarnos que nos estamos preparando para una ocasión muy feliz, que es el nacimiento de Jesús,  con la luz de la vela rosa, y el sacerdote puede usar vestimentas color rosa. El tema común de las lecturas bíblicas de hoy es sobre la alegría, la motivación y la necesidad de prepararnos para el  renacimiento de Jesús en nuestras vidas y en nuestros corazones. La Sagrada Escritura nos recuerda que la pasada, presente y futura venida de Jesús es la razón de nuestra alegría.

 "Había un hombre llamado Juan, enviado por Dios para dar testimonio de la Luz." Las primeras palabras del evangelio de hoy nos dicen todo lo que se necesita saber acerca de Juan el Bautista. Fue enviado a dar testimonio. La palabra en el griego original es apostolein, apóstol y martir, y eso fue Juan. De hecho, El fue el primer apóstol, el primero enviado a proclamar la presencia de Cristo y el primer mártir cristiano. Juan fue el primero en dar testimonio de la verdad de Cristo entre nosotros. Se dio cuenta de que la verdad divina había entrado en el mundo como un ser humano. No era el momento para cubrir la verdad y prefirio morir antes, como un martir.

Al igual que Juan el Bautista, también nosotros hemos sido llamados a ser apóstoles y testigos. Dios nos ha confiado una misión. Hemos sido creados para un propósito. El nos dio la vida en el bautismo para que lo podamos compartir con los demás. Somos sus testigos. Estamos llamados a hacer que la presencia de Cristo sea una realidad en nuestro mundo, dando testimonio de su presencia en nuestras propias vidas.

Broma 1): Un día el maestro de escuela dominical le preguntó a Johnny, "¿Me dicen – que haces una oración antes de comer", "No señora", le respondio : "Yo no lo tengo que hacer porque mi mamá es un gran  cocinera ".

El mundo necesita nuestro testimonio de Cristo urgentemente. Mira cómo es evidente, que en este momento, sólo faltando once días para la  Navidad, algunos afirman que Cristo no existe, o que si existe, él ha perdido su influencia en el mundo. Al llevar una vida así, se condenan a tener una vida llena de frustraciones porque rechazan a Cristo, rechazan su cruz y son incapaces de hacer un  sacrificio por los demás, porque primero los invade su propio egoísmo. La cruz del Señor es nuestra salvación, que nos salva del mal, del egoísmo y de nuestras propias debilidades.

Por asuntos de politica, se ha sacado el nombre de Jesús de la Navidad y ahora se llama Fiestas de Invierno. He aquí el secreto del cambio: el día de fiesta viene de la unión de dos palabras: sagrada y  día. En los Días Santos no se trabajaba ni se iba a la escuela. Lamentablemente, en el corazón de quienes se oponen a un significado religioso a la Navidad es su deseo de transformar la celebración de la presencia de Cristo entre nosotros, por todo lo contrario de toda la razón por lo cual Dios envió a su Hijo. Ellos rechazan a Cristo y la Navidad pero celebran el materialismo. Por desgracia para muchas personas en nuestro país, sus modelos de la Navidad en sus vidas: son superficiales, sin sentido y vacías.

El mundo que ha rechazado a Jesúcristo, necesita testigos de su presencia. El mundo nos necesita como  Juan el Bautista, para apuntar a Jesús. Estamos llamados a ser sus testigos, a ponernos de pie ante los amigos, familiares, compañeros de trabajo, o hasta al frente de un avion si es posible y decir, con nuestras vidas: "Para mí, la vida de Cristo es más importante que todo lo que el mundo pueda ofrecer. " Y si esto es una realidad, en el centro de nuestro ser, el Espíritu Santo que está dentro de nosotros va a convencer a otros de la verdad de nuestro testimonio.

Estamos llamados a llevar una cruz, no sólo alrededor de nuestros cuellos, para impresionar a los demás. Estamos llamados a la vida de sacrificio y  amar a los sacrificios. Reconocemos la presencia de Cristo en la familia, en nuestra sociedad y en todo el mundo. Estamos llamados a reverenciar a Dios en todas las acciones de nuestras vidas, porque nuestro compromiso con Cristo debe ser toda la razón de nuestras vidas.

El mismo mundo que ha rechazado a Jesús, anhela su presencia. La gente se queja acerca de un mundo en tinieblas. Se llenan los estantes con libros de autoayuda y de libros, metodos o personas que les digan dónde encontrar sentido a la vida. Ellos buscan la luz en todas partes excepto en el lugar más obvio. Pasan por alto la presencia de Cristo entre ellos, y aun dentro de ellos. Aquí es donde nosotros debemos entrar. Hemos sido enviados por Dios. Somos los nuevos apóstoles. Hemos sido llamados y elegidos para ayudar a la gente, a salir de la cueva de las tinieblas y llevarlos a la luz del Señor.

Broma2): Un domingo, después del bautismo de su hermano menor en la iglesia, el pequeño Johnny lloró todo el camino a casa en el asiento trasero del coche. Su padre le preguntó tres veces, que estaba pasando . Finalmente, el niño respondió: "Que el sacerdote dijo que nos ayudaria a vivir en  un hogar cristiano, pero yo quiero seguir viviendo con ustedes!"

Hemos sido llamados a ser testigos, y en muchos aspectos, los nuevos mártires. Demos testimonio de la Verdad del Señor, incluso si este testimonio tiene un precio personal  en nuestras casas, con nuestros amigos, en nuestro lugar de trabajo o en nuestros barrios. Somos los nuevos Juan el Bautista, los apóstoles y testigos. Tenemos una responsabilidad con el mundo que nos rodea para reflejar la presencia de Cristo. Otros necesitan encontrar a Jesús. Otros necesitan el testimonio de aquellos que son enviados por Dios.

Conclusión: Nosotros, los apóstoles y los testigos, los nuevos Bautistas debemos prepararnos en la Navidad, tomando tiempo para encontrar cómo podemos ser fieles a nuestra misión de reflejar la presencia de Dios en el mundo.

"Regocijaos en el Señor siempre, vuelvo a decir con alegría." El mensaje de este tercer domingo de Adviento es simple: Nuestra vida debe llevar a otros a regocijarse en la luz.

"Hubo un hombre enviado por Dios para dar testimonio de la Luz." Tengamos la valentía de continuar la obra de Juan el Bautista.

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